El Fideicomiso Dominicano es una Realidad

En el año 2011 nuestro país estrenó una legislación que incorpora la figura del fideicomiso. Se trata de la Ley 189-11, adoptada en julio del 2011. La finalidad de esta norma es promover el desarrollo del mercado hipotecario. No obstante, la sola inclusión del fideicomiso al quehacer de negocios local, constituye en sí un hito. Se trata de un vehículo comercial con un potencial enorme para incidir favorablemente en diversas áreas de la economía nacional, incluyendo la banca, la construcción, el sector seguros y el mercado de valores, por sólo citar algunos ejemplos.

Cuando se analiza el éxito que ha tenido el fideicomiso en América Latina se entiende el entusiasmo que ha generado el arribo de esta figura a República Dominicana. En Colombia la fiducia sirvió para resolver delicados temas de credibilidad que afectaban en su momento la industria de la construcción. En Venezuela y Perú el fideicomiso ha sido utilizado de modo creativo para construir soluciones de seguros que se ajustan a necesidades muy puntuales, con gran éxito. Ecuador y Argentina han hecho una interesante combinación entre fideicomiso y mercado de valores, derivando apalancamiento financiero para la construcción y el sector real en general. En Panamá, la figura es ya el vehículo favorito para el microcrédito, el financiamiento de vehículos y el desarrollo de infraestructuras. En definitiva, nuestra región ha sido testigo de que el fideicomiso, usado de manera profesional y creativa, puede ser un poderoso aliado para la implementación de los más diversos proyectos de financiamiento, inversión y desarrollo.

En términos muy básicos, el fideicomiso es un vehículo jurídico que permite a una persona, denominada fideicomitente, transferir a otra denominada fiduciario, determinados derechos corporales o incorporales para ser administrados o enajenados por éste, conforme un fin predefinido por el fideicomitente, en beneficio de otra persona denominada fideicomisario o en provecho del propio fideicomitente.

Cabe destacar que el fiduciario en nuestro país es una entidad profesional sometida a una exigente supervisión y regulación. Un dato importante es que el fideicomiso resulta un instrumento jurídico más flexible y completo que las operaciones contractuales tradicionales y mucho más funcional que las sociedades de comercio, puesto que entre otras virtudes, permite la creación de un patrimonio separado, en cabeza del fiduciario, afectado al cumplimiento de un conjunto de instrucciones contenidas en el acto de incorporación, con múltiples ventajas operacionales, fiscales y de implementación.

Esta operación concede amplios poderes al fiduciario, de modo que pueda dedicarse plenamente a obtener la finalidad establecida; no obstante, al propio tiempo, tales poderes quedan limitados del modo previsto por el fideicomitente, garantizando con ello una adecuada seguridad jurídica.

La versatilidad es indudablemente un rasgo distintivo de la fiducia. Con absoluta propiedad se ha afirmado que el fideicomiso “sólo está limitado por el orden público y la imaginación del abogado encargado de estructurar el negocio”.

La mesa está servida. El fideicomiso dominicano es una realidad. Ya han sido adoptadas las previsiones legales imprescindibles. Ahora le toca el turno al mercado. Resta hacer un uso intenso, creativo y responsable de esta magnífica herramienta de negocios.

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